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sábado 21 julio 2018
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Una jugadora de hockey de alma

Desde muy jovencita Mónica Marcuzzo supo que la actividad deportiva la acompañaría toda la vida. En principio comenzó con atletismo hasta que un día vio un grupo de chicas que entrenaban en el Poli y se acercó a preguntar de qué se trataba, allí le dijeron que iban a empezar a jugar al hockey.

La disciplina no se conocía aún en San Rafael, ese grupo sería el pionero en iniciar con un deporte que con el correr de los años iría sumando cada vez más adeptos. Así fue que de la mano del por entonces doctor Domingo Piano como entrenador, en el año 1973 se formó Universitarios.

“Cuando el doctor Piano me invitó, aunque no sabía de qué se trataba acepté de inmediato y al otro día fui a entrenar. Recuerdo que a la semana nos trajo unos palos de escoba para mostrarnos como se jugaba al hockey y así estuvimos unos días hasta que mandó a hacer unos palos a una carpintería, y se nos despegaba la base de abajo porque eran re improvisado. Luego gracias a eso se fue introduciendo el hockey en San Rafael”comenzó diciendo Mónica.

Con el paso del tiempo el grupo se fue consolidando y pronto las invitaron a participar de torneos en la capital provincial. “Una de las primeras veces que nos tocó jugar, lo hicimos contra un campeón de Mendoza y nos dijeron que nos teníamos que quedar en la mitad de la cancha porque la delantera no podía bajar, entonces nos quedamos ahí y veíamos como nos hacían goles, el partido obvio terminó como 11 a 0 (risas)”.

Universitarios entrenaba en un predio de El Cerrito y, en ese entonces, se fueron armando otros equipos. Allá por el año 1983 se realizó el primer torneo de la asociación en San Rafael.

“Lo recuerdo bien porque yo estaba embarazada de mi segundo hijo, que nació el 28 de julio y el 11 de agosto fue la final y yo dije “quiero estar”, y pese a que hacía poco que había tenido a mi hijo, igual jugué esa final” contó Mónica.

Universitarios jugó por 24 años, hasta su disolución, pero como Mónica no se quedaría con las ganas de seguir practicando el deporte de sus amores, decidió entrar a Maristas, donde ya jugaba su hija y allí se quedó hasta la actualidad.

“El fin de semana jugué mi último partido a nivel competitivo, porque para mí no deja de ser un gran esfuerzo entrenar a la par de las chicas más jóvenes, yo soy la única mayor-mayor y con mis 63 años, estaba entrenado a la par de la primera. Entonces dije que era mi último partido y me hicieron un homenaje que realmente no me lo esperaba, fue muy emotivo” destacó.

Sin embargo, Mónica asegura que “no piensa quedarse quieta”, ya sea hockey u otro deporte, algo va continuar haciendo. “Ahora se ha creado un torneo para mayores de 40 que no es tan competitivo, se juega cada 15 días, es como un seven, siete contra siete y bueno voy a seguir despuntando el vicio ahí. Yo dije que nunca iba a dejar el ejercicio físico, si no es hockey, voy a hacer otro deporte”.

Respecto a su vida fuera del deporte, Mónica es maestra jardinera jubilada, madre de tres hijos (Carolina, Juan Eduardo y Sebastián) y abuela de dos nietos.

Contó que su familia ha sido cien por ciento participe en su carrera deportiva, de hecho desde la panza sus hijos ya jugaban al hockey con su mamá. “Recuerdo que estaba embarazada de mi tercer hijo de seis meses y se disputaba un partido importantísimo y yo quería jugarlo como sea, mi médico me había dado un certificado médico que me permitía jugar. Así que cada vez que me lo querían impedir yo presentaba el papel que me había dado el doctor y seguía jugando”.

“Otra vez, para un torneo en Tandil me esguinsé una semana antes y yo le decía al médico de la selección, que era el doctor Armando Dauverné, qué quería jugar y me dijo que no podía jugar y que la única opción era infiltrarme, y así jugué infiltrada bajo mi responsabilidad los cinco partidos y cuando volví me enyesé” afirmó.

Llegando al final de la entrevista, Mónica agradeció a su familia, quienes le permitieron con su apoyo desarrollarse deportivamente a lo largo de todos estos años. “Para poder hacer todo lo que hice, tener dos trabajos, atender a mis hijos y jugar al hockey, el apoyo de mis padres primero, después mi marido, además de mi madre y mis tías que también me cuidaban a los niños”.

“Y por último quiero dejar un consejo, que nunca abandonen lo que les gusta. Yo soy una agradecida de la vida que me ha dado la posibilidad de hacer todo lo que he querido. Además agradecerle al Club Maristas que me abrió las puertas y hoy es  un club que ha resurgido extraordinariamente en todo sentido, a nivel jugadoras, técnicos, edilicio y gracias a la comisión directiva lo tenemos y sigue adelante” sintetizó Mónica.




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